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NUESTRA VISIÓN

El fútbol es el rey de los deportes. Mueve masas y paraliza a un país entero que se une por un mismo motivo. Pero, también crea pasiones que puede sobrepasar lo aceptable. Además, este deporte se ha contaminado por la corrupción, la trampa y la violencia. Aún hay tiempo para recuperar los ideales del fútbol como un deporte que une y no divida, que eduque y no corrompa, que respete y no agreda y que genere amigos y no enemigos.

Creo, que si la popularidad del fútbol y el poder que tiene este hermoso deporte se lo usa para bien, se puede hacer del mundo un mejor lugar, ya que es un potente transmisor de valores como la paz, juego limpio, honestidad y respeto. Pero, ¿cómo puede haber paz si está rodeado de tanta violencia? ¿Cómo puede haber juego limpio y honestidad si es que hay corrupción y trampa? 


Regresemos en la historia y revivamos lo que fueron las Olimpiadas de 1936 en Alemania durante el régimen Nazi. Compitieron el afro americano Jesse Owen y alemán Luz Long. Durante la competencia, Long le aconsejó a Owens antes de realizar su salto largo y, con eso, Owens clasificó y terminó ganando la medalla de oro. Rompió varios récords. Al terminar la competencia, los dos se dieron un profundo abrazo que fue reconocido como una lección de amistad y compañerismo para el mundo entero durante un época de odio y división. El deporte une a las personas a pesar de sus diferencias y puede sacar a relucir lo mejor de cada individuo.


Bajo este ejemplo, podemos vivir de acuerdo a la verdadera deportividad y podemos ser un ejemplo de juego limpio en nuestras vidas laborales y personales.


En ese sentido, los niños necesitan volver a tener un ejemplo positivo, superando a la viveza criolla o a la cultura de abuso. Queremos que la honestidad prime cuando un niño juega fútbol. Por ejemplo, que sea honesto y acepte si el balón le topó y es pelota del otro equipo.  Así, poco a poco, lograremos infundir en nuestra sociedad valores para no aceptar lo equivocado como normal y que ganar sea menos importante que aprender a perder con dignidad.